15 sept. 2010

Ascensión desde El Casarito a la Peña de Francia (28-03-10) (Salamanca)

BREVE RESEÑA HISTÓRICA:
     Entre los siglos XII y XIII de la Edad Media, por decisión del rey Alfonso IX se produjo la repoblación de toda esta comarca . De la gran cantidad de gente que llegó a esta tierra, tuvieron parte destacada los que tenían un origen francés, por influencia de D. Raimungo de Borgoña, noble francés casado con doña Urraca, una de las hijas de Alfonso VI; justificando de esta manera la presencia de topónimos franceses en la Sierra de Francia.
     Al final de la Edad Media otro hecho de gran importancia destaca en la historia de la zona: el hallazgo y descubrimiento de la imagen de la Virgen de la Peña de Francia (la virgen negra), en el 1.434, construyéndose en esta montaña un santuario que posteriormente llegó a ser lugar de peregrinación, al que se unieron los peregrinos del Camino de Santiago, que seguían el llamado Camino del Sur por la Calzada de la Plata.
     En el s. XVII la Peña de Francia es ya citada por Cervantes en El Quijote; y para Lope de Vega, el contiguo valle de Las Batuecas es el escenario en el que se refugian dos enamorados que huyen de la Corte (se decía que se hallaba habitado por demonios y sectas ocultas adoradoras de Satanás. Los pastores no se atrevían a entrar en él por miedo a lo desconocido. Por otro lado también se hablaba de Las Batuecas como un lugar paradisíaco, una especie de Shangri-La situado en una de las zonas menos conocidas de la vieja Castilla). Siendo a partir de entonces cuando estos parajes, La Peña de Francia, La Alberca, Las Batuecas, se convirtieron en un escenario de mitos y leyendas.
     Cuenta la leyenda que allá por el año 1424, reinando en España don Juan II, padre de la reina Isabel la Católica, en Sequeros, un pequeño pueblecito situado al sur de la provincia de Salamanca y prácticamente desconocido, vivía una virtuosa jovencita que respondía al nombre de Juana, pero que en los pueblos de alrededor y en Sequeros todos la conocían como "la moza santa de Sequeros". Un día se puso enferma y todos lloraron porque la vieron morir, pero al llegar la noche corrió una gran noticia: ¡La moza santa ha vuelto a la vida y está diciendo cosas maravillosas! Ha dicho: "Volved vuestro rostro hacia la Peña de Francia y rezad a la Virgen María. Allí está escondida desde hace doscientos años una imagen suya que pronto será manifestada y por ella hará Nuestro señor muchos milagros. Esta gloriosa imagen ha de ser mostrada a un hombre de buena vida. Allí, en el mismo lugar, a reverencia de la madre de Dios, ha de alzarse otro monasterio de los frailes predicadores". Por fin la joven se adormeció con la muerte, quedando su profecía en la memoria de las gentes como una esperanza.
     Mientras esto sucedía, la Virgen se aparece en París a un joven estudiante francés, de vida virtuosa, llamado Simón Rolán, y le impulsa a la búsqueda de una imagen suya, escondida y perdida su memoria desde largos años atrás. "Simón, vela y no duermas -le habló la Virgen-. Partirás a la Peña de Francia, que se encuentra en tierras de occidente, y buscarás en ella una imagen semejante a mí; la encontrarás en una gruta, y allá se te dirá lo que has de hacer".
     Simón Rolán parte de París y recorre la Bretaña francesa, sin que nadie sepa darle razón del lugar por el que pregunta. Nadie tiene allí noticia de ninguna llamada Peña de Francia. Desanimado, de vuelta ya en la capital francesa, la voz del cielo se le deja oír una vez más: "Simón, vela; no renuncies a tu santa peregrinación, que tus trabajos tendrán recompensa".
     Tras cinco años de infructuosas e inútiles búsquedas interrogando insistentemente por la Peña de Francia a través de la geografía gala, se juntó a unos peregrinos con los que llegó hasta Santiago de Compostela, visitando el sepulcro del apóstol; en el camino de retorno se desvía hacia Salamanca donde permanece una larga temporada. En el lejano horizonte se recortaba claramente visible la silueta de la Peña Francia, desconociéndo él no obstante el nombre la misma. Un día, después de seis meses de permanencia en la ciudad del Tormes, encontrándose en la plaza del Corrillo, en día de mercado, llega a sus oídos, entre la barahúnda, la voz de una mujer que desde algún sitio pregona su mercancía: carbón vegetal hecho al pie de la Peña de Francia. Intenta correr, para localizar entre la muchedumbre a la mujer, pero no llega a encontrarla, y tampoco nadie sabe darle razón precisa de la Peña que mencionaba. Pero esta vez el fracaso no le desanima, consciente ya de la proximidad de lo que busca. Efectivamente, otro día presencia en este mismo lugar la riña de carboneros; uno de ellos amenaza al otro con matarlo y luego esconderse en las espesuras de la Peña de Francia para huir de la justicia. Las explicaciones que de aquel lugar les pidió el extranjero, no obtuvieron respuesta, más Simón Rolán no les pierde de vista; tras ellos marcha cuando emprenden el regreso, y así llega a San Martín del Castañar, a sólo dos leguas de la Peña.
     Tres días buscó inútilmente, la Virgen le animó en tan duro trance: "Simón, vela y no duermas". A la tercera noche, en medio de una gran luz, se le apareció Nuestra Señora, comunicándole que en la roca misma donde se había refugiado se encontraba la imagen que buscaba. "Aquí cavarás, y lo que hallares has de sacarlo y ponerlo en lo más alto del risco, donde construirás una iglesia".
     Así alentado, bajó al pueblo de San Martín en busca de ayuda. Cuatro vecinos animosos, esperando encontrar un tesoro, se ofrecieron a acompañarlo. Con no pequeñas dificultades consiguieron apartar la piedra tras la cual, en una pequeña gruta, se ocultaba la imagen de la Virgen. Era el miércoles 19 de mayo de 1434.
    Simón se consagró al cuidado de la imagen, construyendo en la cima una capilla con el donativo y la ayuda de los fieles. El pueblo le conocía por Simón Vela -nombre con el que a partir de entonces se le recuerda-, apellidándole con la palabra con que la voz misteriosa tantas veces le imperara la búsqueda de la santa imagen: "Simón, vela".
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Fecha: 28 de marzo de 2.010
Itinerario: El Casarito - fuente del pinar - enlace con el camino procedente de La Alberca - cruce de la carretera (se cruza en tres ocasiones) - enlace con el camino procedente de El Cabaco - Peña de Francia.
Distancia total: 12,8 km. (subida y bajada)
Tiempo empleado: En la subida, 1 hora y 47 minutos; y en la bajada, 1 hora.
Desnivel maxímo de subida: aprox. 648 metros.

Mapa del trazado del itinerario de la ruta.

1.- La Peña de Francia, desde el pueblo de Miranda del Castañar.

1.- Para iniciar esta ruta partimos del cruce de carreteras de El Casarito, en la carretera provincial SA-201, a unos 4 km. de la localidad de La Alberca, por cuyas inmediaciones discurre la “Senda del Peñasco”, ya conocida y publicada con anterioridad.

4.- La Peña de Francia, desde el cruce del Casarito.

2.- Bajamos por la misma carretera unos 50 metros, para tomar la pista de hormigón que sale hacia la derecha, cruzando sobre el cauce del arroyo del Casarito, que en esta época del año y después de todo lo que ha llovido por la zona este invierno, baja con bastante agua, a diferencia de por el verano que prácticamente baja seco.
6.- El arroyo del Casarito.

7.- El pueblo del Casarito.

     A la izquierda vemos las instalaciones del Camping Sierra de Francia, y una pequeña área recreativa ubicada a la entrada del mismo.

3.-  Tras cruzar el arroyo nos encontramos con un cruce de caminos, tomando el que parte hacia la derecha y que se adentra entre las casas del pueblo del Casarito Viejo, siguiendo las marcas y rótulos senderistas existentes.
8.- Entrando hacia el pueblo del Casarito. Al fondo la Peña de Francia.

4.-  Tras atravesar por entre las cuatro casas que conforman el pueblo, tomamos un camino hormigonado por el que enlazamos con una especie de pasarela de madera, en donde hay ubicado un mirador con espléndidas vistas sobre la Peña de Francia, así como un amplio panel informativo donde nos informan sobre la fauna y flora que podemos encontrar en la subida hacia la Peña.

12.- Mirador ubicado tras salir del pueblo del Casarito. Al fondo la Peña de Francia.



14.- Panel informativo en el mirador ubicado a la salida del pueblo del Casarito.

     Este tramo del recorrido se corresponde en parte con el trazado que sigue la denominada ruta “Camino del Peñasco”.
     Todo el itinerario de la ruta es el propuesto y marcado con las correspondientes señales senderistas (de color verde y blanco) por la dirección del Parque Natural de las Batuecas y Sierra de Francia.

5.-  Proseguimos la marcha por el camino hormigonado hasta llegar a un pequeño cruce de caminos, donde abandonamos el que parte hacia la izquierda, mejor acondicionado y con mejor firme, para tomar la pista forestal de tierra que sale hacia derecha.
6.-  Este tramo es un camino-pista de tierra que discurre por entre un tupido bosque de robles, encontrándose en algún punto concreto bastante embarrado, debido más que nada a las rodadas que dejan los vehículos todo-terreno y maquinaria agrícola que lo transitan.

17.- Atravesando El Rebollar, bosque de roble melojo.

7.-  Enlazamos acto seguido con otra ancha pista forestal que viene procedente por su margen derecha desde la carretera de subida a la Peña. Aquí debemos obviar cualquiera de los dos ramales de esta pista, tanto el que viene por la derecha, como el que prosigue hacia la izquierda, para proseguir la marcha por un sendero, clara y perfectamente señalizado que tira de frente ladera arriba por entre el robledal.

8.-  El camino en algunos tramos parece ir literalmente excavado en el terreno, y han colocado unos troncos de madera a modo de escalones para facilitar la subida, y también para evitar la escorrentía del agua de lluvia.
19.- Detalle del camino por donde discurre la ruta, saliendo del bosque de robles.

     El robledal por donde discurre este tramo, en esta época del año aún muestra la desnudez de sus ramas, pues la primavera este año viene algo tardía.
     También podemos encontrar algún que otro “hito” de piedras de grandes dimensiones, aunque realmente innecesario, pues el camino está bien claro y evidente.
    Echamos la vista hacia atrás, y entre los árboles podemos contemplar la Sierra de Las Quilamas y la Sierra de Béjar cubierta de un manto de blanca nieve; y hacia adelante las estribaciones rocosas de la propia Peña de Francia.
22.- El camino, tras salir del bosque de robles, comienza a adentrarse hacia el pinar.



23.- Vista panorámica subiendo por el camino. Al fondo la Sierra de Béjar.

9.-  Tras salir del bosque de robles, comenzamos a adentrarnos en un frondoso pinar, por donde enlazamos con otro ancho camino de tierra, al pie del cual encontramos una vetusta fuente, de la que mana un abundante chorro de agua.

24.- La fuente que encontramos en mitad del pinar, al pie de una pista procedente de la carretera.

10.-  Por ese camino de tierra, que inicialmente discurre por el interior del pinar, alcanzamos una especie de collado o planicie, en donde confluye el camino-pista procedente desde La Alberca. Lugar éste perfectamente señalizado, pues varios paneles informativos nos indican las posibles alternativas y direcciones a seguir. Desde aquí ya comenzamos también a contemplar el cordal de la Sierra de La Alberca, coronada por la visible Peña Carbonera.

26.- Cortafuegos que parte desde el cruce donde se enlaza con el camino procedente de La Alberca.
Al fondo los crestones rocosos de la Peña de Francia.



27.- Panel informativo en el cruce que enlaza con el camino procedente de La Alberca. Al fondo la Sierra de Béjar.



29.- Paneles informativos ubicados en el cruce y enlace con el camino procedente de La Alberca.
Al fondo los crestones rocosos de la Peña de Francia.

11.-  Desde ese cruce de caminos parte un ancho cortafuegos que longitudinalmente se dirige ladera arriba, y por el que perfectamente se puede subir para continuar la marcha. Sin embargo, prefiero seguir el itinerario marcado por las señales senderistas, que a la derecha del cortafuegos se adentra hacia el pinar, por el que va trazando sucesivas vueltas, atravesando otras zonas de bosque mixto de pinos y robles, que alternan también con amplias camperas despejadas, desde las que podemos contemplar el punto de partida inicial en el Casarito, y hacia el lejano horizonte la alargada crestería de la Sierra de Las Quilamas. 

33.- Tras salir de la primera zona de pinar, hacia atrás podemos ver el cruce y el pueblo del Casarito,
desde donde hemos partido.

12.-  El camino nos lleva a enlazar con el tramo final del cortafuegos que anteriormente habíamos reseñado, y con la carretera asfaltada que sube hacia la Peña de Francia.

35.- Saliendo a la parte alta del cortafuegos, por donde hacemos el primer cruce de la carretera.
    La atravesamos y proseguimos por el camino perfectamente señalizado al otro lado de la misma; el pinar es omnipresente por toda esta ladera.

36.- Lugar por donde atravesamos por segunda vez la carretera.

13.-  Pocos metros más arriba tenemos que volver a atravesar de nuevo la carretera.

14.-  Luego, el sendero continúa atravesando el pinar, trazando varias vueltas por donde salimos a la parte baja de la carretera y enlazamos con otro cortafuegos, y a través de la parte final del mismo cruzamos por tercera vez la carretera.

15.-  Ahora toca afrontar el tramo final de la ascensión. El marcado y visible sendero se vuelve a introducir en el pinar, donde algún ejemplar caído parece querer dificultar el paso.

40.- Pino caído sobre el trazado del camino, tras haber cruzado la carretera por tercera vez.

16.- Salimos del pinar y el camino se torna más pedregoso, abierto y despejado.

42.- Camino de subida tras el tercer cruce de la carretera.

     A nuestra izquierda contemplamos el valle de Lera, nacimiento del río Francia, así como toda la Sierra de La Alberca.

43.- Vista panorámica del valle del río Lera y el cordal de la Sierra de La Alberca, según subimos por el camino.

     Los pinos dejan paso al bosque de monte bajo de retama y escoberas, y en alguno de los bloques de piedra parecen estar labradas las marcas de antiguos restos fósiles.
     Según ganamos altura las vistas se van haciendo más abiertas y despejadas. 

45.- Vista panorámica subiendo por el camino. Abajo el cruce del Casarito.

17.- Pasamos por una gran ladera pedregosa, recostada bajos unos imponentes murallones de roca, donde encontramos un pequeño y rustico mirador, en el que detenernos unos minutos para descansar y contemplar el vasto horizonte paisajístico que se abre ante nosotros.

46.- Mirador al pie del camino, metros antes de llegar al enlace con el camino procedente del Cabaco.

     Escasamente 50 metros más arriba pasamos por el cruce de caminos en donde enlaza con el sendero procedente del Cabaco, señalizado por el correspondiente panel informativo.

47.- Cruce de caminos donde se enlaza con el procedente del Cabaco.
Metros más abajo, el mirador, y al fondo la Sierra de Béjar.

18.- Más arriba volvemos a contactar con la carretera, pero sin tener que llegar a pisarla ni atravesarla, y enlazando con el camino del Vía Crucis, que va flanqueado por cruceros de piedra.

53.- El camino coincide a partir de aquí con el trazado del Vía Crucis.

19.- Pasamos por delante de la fuente El Pobre, construida con sólidos bloques de piedra, pero cuyas aguas parece ser que no son potables en la actualidad, según reza en la pintada que adorna una de las piedras.

56.- La fuente El Pobre.

20.- Por el empedrado camino alcanzamos lo más alto de la Peña de Francia, donde se levanta el imponente edificio del monasterio y la iglesia.

57.- Tramo final llegando al Santuario de la Peña de Francia.

61.- Monasterio y Santuario de la Peña de Francia.

      Desde el enorme mirador circular podemos gozar de la contemplación de innumerables panorámicas visuales
59.- Mirador de la Peña de Francia.

pudiendo ayudarnos de los “puntos de mira” situados sobre el muro de la balaustrada para saber hacia donde y qué estamos viendo: Salamanca, Sequeros, Miranda del Castañar, Béjar, La Alberca, pico Montón de Trigo (Rongiero), el pantano de Gabriel y Galán.

66.- La Peña de Francia. Mirador (vistas hacia Salamanca capital).

68.- La Peña de Francia. Mirador (vistas hacia Miranda del Castañar).

     También nos podemos dar un paseo y realizar la obligada visita al Santuario, el interior de la iglesia, la hospedería (hoy transformado en hotel-restaurante), el reloj de sol, la cueva donde se guarda la estatua de la virgen, .........
62.- Monasterio y Santuario de la Peña de Francia.

63.- Reloj de sol de la Peña de Francia.

64.- En el mirador de la Peña de Francia.

* Gráfico de cotas de altitud, distancias, horario y tiempos:

* Video de la ruta:

* El track de la ruta para el G.P.S., en Wikiloc:

12 sept. 2010

LA RUTA DE LOS MOLINOS DE MIRANDA DEL CASTAÑAR (SALAMANCA)

Más que una ruta es un itinerario en busca de los restos de los antiguos molinos harineros que había en este pueblecito de la Sierra de Francia, ubicados principalmente en torno al cauce del río Francia. Para ello, partiremos desde la plaza de toros de Miranda del Castañar, que también fue patio de armas del castillo desde donde se yerguen altivas su torre del homenaje y almenas, siento éste un precioso pueblo ubicado en la Sierra de Francia (provincia de Salamanca).

Partimos en coche saliendo del pueblo para tomar la carretera que pasa por delante del Hostal Condado y la piscina municipal, encaminándose a buscar el entronque con la carretera que conduce hacia La Alberca y la Peña de Francia por un lado y hacia Salamanca por el otro. En ese cruce de carretera seguimos la marcha de frente, con dirección a atravesar el arroyo de San Benito por el lugar conocido como Pontivieja, para nada más cruzarlo dejar la carretera asfaltada y tomar la pista de tierra que sale hacia la izquierda. Tras recorrer aproximadamente un kilometro, y cuando ya comenzamos la bajada, debemos dejar aparcado el coche en una curva hacia la derecha. Atravesamos un cierre de alambre de espino por una “portela” allí ubicada y tenemos que atravesar una pequeña zona de escoberas, para comenzar a descender por la ladera para localizar las ruinas del primero de los molinos.

* El molino del “Tío Segundo” (así se llamaba por lo visto el dueño o arrendador que lo llevaba), situado junto al cauce del arroyo de San Benito. Del mismo apenas quedan la tobera de entrada del agua, y unos metros de la canal por donde discurría la misma; así como restos de los muros de la edificación. También se aprecían la construcción circular donde se alojaba la rueda que era empujada por el agua poniendo en marcha el eje de la maquinaria, y un hueco abovedado por donde salía el agua tras cumplir su función. Una antigua piedra circular de moler adorna una de las paredes en ruinas. El molino cogía las aguas de la charco de la Cabrera, ubicado unos metros hacia arriba. Molía principalmente cebada y centeno, así como también algo de trigo y algarroba. Posiblemente dejó de funcionar a principios del siglo XX.







Retornamos nuevamente hasta el coche, y con el mismo tomamos dirección por donde hemos venido hasta el cruce anteriormente reseñado, donde tomamos dirección hacia la derecha (por la carretera que conduce a Mogarraz y La Alberca) para llegar hasta el estacionamiento del área recreativa de La Regajera, donde volvemos a aparcar. Desde aquí nos encaminamos hacia el cauce del río Francia, donde localizaremos el segundo de los molinos.

* El molino del “Tío Vitoriano”. Está casi adosado en la actualidad a una vivienda unifamiliar. Del mismo quedan en pie los muros de la edificación, y se pueden apreciar con claridad y encontrándose en bastante buen estado el canal de abastecimiento de agua y dos toberas fabricadas en piedra por donde caía el líquido. Posiblemente dejaría de funcionar con anterioridad a la Guerra Civil.


Retornamos a pie hasta el estacionamiento y proseguimos caminando por la carretera, para tras saltar una alambrada de cierre acercarnos nuevamente hasta el cauce del río y localizar el tercero.

* El molino del “Tío Custodio”, del que aún se mantienen en pie, pero en difícil equilibrio, la edificación que alojaba propiamente la maquinaria del molino, así como lo que era la vivienda del molinero y su familia, y un corral donde criaban algo de ganado, algunas vacas y cerdos. Se pueden observar también con claridad el canal fabricado en piedra de la traida del agua y las dos toberas por donde caía; así como también alguna piedra circular para moler y los ejes que movían la maquinaria.









Retornamos hasta donde hemos dejado el coche y con el mismo nos acercamos hasta el lugar donde por un moderno puente (por donde hemos pasado anteriormente) la carretera cruza el río Francia, pudiendo contemplar casi pegado el vetusto puente que anteriormente servía a tal cometido. Ahi aparcamos nuevamente. Desde el puente podemos contemplar el tercero de los molinos.

* El “Molino del Medio”, conocido por ese nombre según se atestigua en los cantares de la época. Inicialmente fue un molino harinero normal y corriente como el resto, pero posteriormente se le añadieron cedazos mejores y de mayor calidad que refinaban más y mejor la harina, introduciéndole también otra serie de mecanismos o maquinaria que lo llegaron casi a convertir en una fábrica harinera.


En la actualidad sus dueños, descendientes de los originarios propietarios, lo han restaurado y convertido en bar-restaurante.

Mismamente junto al puente de la carretera, tomamos un sendero que marcha paralelo al río y que nos lleva a encontrar los dos restantes molinos.

* El molino del “Tío Ventura” , del que aún se conservan en pie parte de los muros de la edificación; y siendo posiblemente uno de los últimos que cesó en su funcionamiento.


* Y un poco más abajo el molino del “Tío Sanz”. Cogía el agua del charco situado unos metros hacia arriba, al que también se llamó charco Sanz, y que desde hace muchos años sirve como zona de baño, a modo de piscina natural. Del mismo aún se conserva parte del canal de traida del agua y la tobera de entrada de la misma. En el suelo se pueden ver dos piedras de moler empotradas en el terreno.



* Track para el G.P.S.: (Wikiloc)

* Mapa: